Manuel Carrera

De aprendiz a maestro

Manuel Carrera fue iniciado en el oficio por su tío Esteban a través del taller de José María Rico, donde fue aprendiz en los 40. Su formación continuó en la Escuela Sindical de Joyería de Madrid al amparo del maestro Miguel Cruz Cuyalbe, de donde pasó al taller de Ignacio Ruiz de la Rosa -entonces Maestro Mayor del Gremio de Joyeros- y de ahí al equipo de Juan Gómez Pavón con quien tiempo más tarde compartió cátedra en la Escuela de Joyería de Madrid como maestro examinador.

Una vez finalizados los cursos de la Escuela Sindical, y tras un fugaz tránsito por el obrador de Gómez Pavón, a la edad de 22 años montó su propio taller en el que afrontó los primeros encargos para las casas más reconocidas del momento: Sanz, Durán, Yanes, Aldao, Luis Gil y Suárez.

Inconformista e innovador, su trayectoria se caracterizó por irrumpir con creaciones que estaban en consonancia con las corrientes artísticas y culturales que triunfaban entonces, y por tratar de satisfacer las demandas de un público que quería un ajuar acorde a las tendencias sociales del momento.

Creó la firma Carrera y Carrera, que renovó el lenguaje de la joyería española y de otros países, a través de una línea creativa basada en piezas de una escala mayor que la habitual, en materiales como el oro amarillo acabado en mate y piedras preciosas, y en la temática (la figura femenina, zoología y mitología).

Esta joyería caló en países como los Estados Unidos y obtuvo presencia en casas de prestigio como Cellini, Neiman o Marcus, y con la apertura de una delegación de Carrera y Carrera en el Rockefeller Center, en Nueva York.

Después, su meta fue la conquista de Europa, pero también ha tenido una presencia importante en Japón, Emiratos Árabes, Australia, Filipinas y Rusia.